viernes, marzo 28, 2008

¿DÓNDE ESTÁ EL HUMO?



Era un caso sin remedio, Maggie no se lo perdonaría nunca...

Primero le defraudó con su apego obsesivo al alcohol, luego pensó que las cartas le traerían menos problemas, al menos dejaría de sufrir los efectos de la resaca, pero ahí estaba ahora, a un paso de perder todo aquello por lo que había trabajado tan duro desde los comienzos. Era lo pactado, en la ocasión anterior también perdió y el desafío debía continuar, ahora se jugaba la casa y, según firmaron, había traído consigo las escrituras del chalet en el que vivían, desde que se trasladaron del norte. Maggie y las niñas no tenían parte ni culpa en el embrollo en el que se había metido, pero pagarían las consecuencias de su insensatez. Rechazó la copa que le ofrecieron, quería poner los cinco sentidos en la partida que estaba a punto de resolverse y en la que apostaba su hogar contra nada... Además, debía mantenerse sereno, pues tenía que regresar a casa o a lo que le quedase de ella, a partir de ese momento.

 En los últimos quince días el fuego había avanzado peligrosamente hacia el pueblo y, a pesar de las advertencias de Maggie, esa noche se acercó en el coche hasta Tucson, desoyendo también las normas que la policía del condado extendía entre sus conciudadanos. Otros años también había habido incendios, pero esta vez se sumaron peligrosamente a la sequía que arrastraba el año. La semana anterior cayeron las poblaciones de Winslow y de Flagstaff, los incendios se estaban propagando ese otoño a velocidad vertiginosa. Parecía cosa del diablo, nada ni nadie podía detener el avance arrollador de las llamas que crecían en altura y levantaban nubes cenicientas, que obstaculizaban la tarea de los hidroaviones en su ataque aéreo.

Todo por la maldita obsesión de borrar la sonrisa sardónica del rostro del condenado Jackson, no soportaba sus bravuconadas y menos a costa suya, así que lo que comenzó como una apuesta fantasma se había transformado en un juego ruinoso, era más que posible que si perdía esa partida también se quedase sin Maggie. Ahora parecía tomar verdadera conciencia de que lo que había puesto sobre el tapete era su propia vida, ahora que unas cartas elegidas al azar decidirían el futuro de su destino más incierto.

Las risas de Jackson y sus matones resonaron en el local, con un eco lúgubre, cuando aquella escalera de color salió de la nada para desgracia del osado Lou. Ya no escuchaba los gritos, ni la histeria de los ganadores, tampoco atendía las afrentas que al oído le susurraban los aliados del matón, no había nada qué hacer. Había perdido y, después de firmar el documento de cesión, entregó las escrituras de su propia casa al malnacido tahúr. Aquella derrota nada tenía que ver con cualquiera de las anteriores, aunque una a una le habían llevado hasta ese fatídico desenlace.

Cuando salió a la calle, los nubarrones algodonosos del incendio se elevaban por encima de las casas, aquello tenía que estar muy cerca del pueblo, pensó Lou. Cogió el vehículo y aceleró hacia casa, pero antes del cruce con Lordsburg ya estaba la carretera cortada por los camiones de bomberos, que retrocedían, ante la onda expansiva del calor.

– ¡No es posible continuar, amigo! ¡Vuelva atrás, están desalojando el pueblo! ¡Atrás!

Lou no daba crédito a lo que estaba sucediendo, nunca imaginó que, mientras él solo se complicaba la existencia, el mismísimo infierno les estaba ganando la partida a todos. Retrocedió, pero tomó la desviación por Bisbee, conocía a fondo esa ruta de montaña. A pesar del mal estado del firme le llevaría casi a lomos de su propio jardín, se trataba de un antiguo camino vecinal ya en desuso, pero sin mayores dificultades para su todoterreno. El humo se apoderaba de cada tramo y dificultaba distinguir los bordes apenas inexistentes del trazado. También su mente se hallaba confusa, bien por inhalar los gases tóxicos, que inundaban el ambiente, bien porque no entendía qué hacía él luchando por una propiedad, que ya no le pertenecía... Pero, ¿qué le diría a Maggie? Tenía que intentarlo, al menos.

(...)

(CONTINÚA en…)

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¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !