(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ GRACIAS POR LEER, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
–¡Ahí está!
Pero Baltasar le colocó los
prismáticos al derechas.
–No, está ahí.
Gaspar carraspeó, conteniéndose la
risa, al tiempo que las tres monturas encaminaban sus pasos duna abajo…
Mucho antes de atisbar la ciudad
el ruido ya delató su presencia. Bordearon la autopista para evitar que el
tráfico, ahora fluído, asustara a los animales. Cuando entraron en la ciudad
aún circulaba gente por las calles. Baltasar se acercó a Gaspar que se había
quedado algo rezagado.
–No te preocupes, te he dicho mil veces que están acostumbrados…
Melchor aguardó a que ambos
llegaran a su altura para hacerles partícipes del plan:
–Sería mejor ir pensando en dónde dejar los animales si queremos trabajar
más cómodos, ¿qué os parece allí…?
Se trataba de una solitaria parada
de autobús que aquella noche no se llenaría. Casi todos los servicios de
aquella ciudad dejarían de funcionar sin tardar, abandonados al sueño de un
nuevo día de ilusión.
Una vez libres de la montura cargaron los sacos a la espalda para adentrarse en el nudo de travesías que desembocaba en la plaza principal. A la vuelta de una esquina se toparon de frente con un grupo de niños que regresaban con sus padres de retirada a sus casas. Todos bromearon con ellos y contestaron a sus preguntas, entre risas nerviosas de algarabía. Todos, excepto aquel muchacho que, inmóvil y con la mirada fija, se mantenía distante…
–¿…Y tú? –le preguntó Baltasar, que se había percatado de su tensa actitud–
¿Tú no has pedido nada?
El muchacho contestó adusto,
serio.
–Yo ya lo sé.
–¿…Cómo dices, hijo? ¿qué…?
–Ya soy mayor, a mí no me engañáis…
A Baltasar se le enfrió el gesto
mientras contemplaba al chico alejarse hacia el jardín de la urbanización
cercana; desde el otro lado de la verja aún les dirigió una última mirada
desafiante, antes de entrar corriendo en la casa. Melchor no perdió detalle del
incidente y, solícito, acudió en apoyo de su colega…
–Anda, vamos, queda mucho por hacer…
–No me acostumbraré nunca… –A Baltasar le desconcertaba el desprecio de la humanidad hacia el tesoro de la niñez. Sabía que formaba parte del misterio, que los hombres acababan perdiendo el brillo inicial, adulterados por la desesperanza y el desamor, hasta terminar enfermos, avejentados de ilusiones, sin solución. En eso consistía su misión, en combatir la carencia con el regalo, apenas una minúscula muestra ante tanta necesidad. El mundo y la magia iban de la mano, nunca nada lo disolvería, pero en él recaía la responsabilidad de aquella semilla, apenas un intento en medio de tanto desatino.
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
Ya en la cuneta olfateó el aire; no conocía aquella zona y debía andarse con cuidado. En esta ocasión el señor Olmesson se había esmerado. La vez anterior le había dejado casi a cuarenta kilómetros de casa y, ahora, para evitar otro sonado fracaso no escatimó en sembrar dificultades alejándole todavía más. No le gustaba aquel maldito cascarrabias y era evidente que ella a él tampoco; su sola presencia le provocaba unas ganas instintivas de ladrar, incluso antes de que se acercara a propinarle la patada con la que acostumbraba a saludar cuando se cruzaba en su camino. Un mal vecino, sin duda, habría que extremar las precauciones en adelante.
Apenas pasaron un par de vehículos
en el largo trayecto que le separaba de la civilización más cercana. Caminaba
paralela al arcén, sobre la hierba reseca, pero más mullida que el asfalto, lo
suficiente para evitar dañarse las patas. El tráfico se intensificó a medida
que avanzaba y salió el sol cuando alcanzaba la primera población. Allí hizo un
alto para husmear entre unos cubos de basura; sabía que no debía abandonar el curso
de la carretera. Si entraba en la ciudad podría perderse en un laberinto de
calles y obstáculos indescifrable, pero después de deambular perdida por el
bosque durante dos días, ya el hambre le azuzaba. Unas sobras de pescado le
sirvieron de tentempié para continuar viaje. A un lado dejó la autopista,
tampoco era aquel su camino.
Se enfrentó ahora a una enorme
planicie árida, donde los campos de trigo apuntaban la única nota de color. Le
costaba reconocer algún dato útil, alguna pista que identificara aquel
itinerario como el correcto, pero se dejó guiar por ese sexto sentido que no le
había defraudado ni en los peores momentos. Olisqueó un neumático roto y
abandonado en el arcén y, también, un zapato viejo, sin suela, al pie de una
señal de tráfico donde la carretera se bifurcaba. Sin embargo, optó por un
camino vecinal de tierra y polvo en el que no tardó en toparse con un arroyuelo
que nacía a pocos metros más adentro. La sombra de unos robustos alcornocales
le pareció tentadora para pasar otra noche a la intemperie, apenas unos breves
instantes de descanso para sacar fuerzas de flaqueza, ya que desconocía la
distancia y tiempo que le restaba. Caminó durante toda la noche, hasta que la
carretera acabó por desembocar en un cruce más transitado de señales
indicativas que de vehículos, pero sabía que el segundo ramal de la derecha era
el que debía escoger. No tardaron en confirmárselo los aires norteños de las
últimas nieves, de las que aún podían vislumbrarse restos en las cumbres. Se
encontraba cerca de casa cuando amanecía, aquel recorrido ya le resultaba
familiar.
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
La ruta que une Blins con el continente reunía todos los atractivos necesarios para enriquecer cualquier ansia de cultura, diversión o entretenimiento posibles. Las escalas estaban programadas para sucederse paulatinamente, sin prisas, con recaladas en puertos de algunas de las islas que permitían así la opción de ocio en tierra sin por ello dejar de disfrutar del mero placer de navegar. Para Mateo aquel niño era una bendición inesperada que el cielo le regaló y como un verdadero padre adolecía de todos los defectos que un primerizo puede llegar a cometer. Por eso defendió al muchacho cuando Lorna le increpó...
–Déjale, vino con esa caja desde que salimos de casa. No
sé de dónde demonios la habrá sacado, del cumpleaños o tal vez de las navidades
pasadas, pero al menos juega con ella... Déjale que juegue, ya se le pasará...
A Lorna parecía ofenderle que jugase tan fervientemente
con una simple caja de zapatos en vez de hacerlo con los innumerables juguetes
que con tanto cariño le regalaban. Pero a Mateo no le faltaba razón, el
muchacho pasaba horas enteras con aquella caja e iba con ella debajo del brazo
a todas partes, si tan importante era para él habría que respetarlo, a esas
edades los niños suelen dar cambios abismales de un día a otro. Nadie había
podido inmiscuirse en lo que pasaba por la cabeza del muchacho, sin duda debían
quedar huellas ocultas tras la experiencia vivida, pero ante su muda respuesta
se enfrentaban a la imposibilidad de conocer su alcance.
Los cuatro primeros días de viaje transcurrieron a bordo del buque, dedicados al disfrute de las novedades que ofrecían en cubierta y acompañados de un sol espléndido. La tarde anterior recalaron en el viejo puerto de Athluan, pudieron estirar las piernas, recorrer tiendas en busca de recuerdos y degustar una cena regional en las típicas tabernas marineras. Sin duda Jeremías se lo estaba pasando en grande, aunque ninguna expresión salía de sus labios no cesaba de curiosear a su alrededor. Al siguiente día enfilaban ya el estrecho de Utik, obligado paso hacia el sur del gran océano, dejando a un lado el grupo de islotes diseminados al que se habían propuesto bordear. Algunas nubes deshilachadas mancharon el horizonte, pero se agradeció la leve brisa que mecía las gorras y la mayor parte de la tripulación se tendió en las tumbonas de cubierta a merced del aire fresco. También Lorna, Mateo y Jeremías, los tres juntos, se dispusieron a obsequiarse con las ventajas de un merecido reposo. El muchacho, en medio de ambos, no soltó la caja de entre las manos ni cuando ella lo tapó con la manta.
(CONTINÚA en…)
http://amazon.com/author/luistamargo
¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !