El Montañés no miró atrás, sabía de
la importancia de aquel encuentro y corrió, corrió sin parar hasta el lugar
donde había pasado la noche. Sin perder tiempo preparo su montura y huyó al
galope, abandonando allí los demás enseres... Más tarde volvería a por ellos,
ahora era necesario poner manos a la obra.
El oso le había descubierto, así que
no podía permitirse costumbres cómodas ni peligrosas. Escogió a conciencia el
sitio para abrir la enorme zanja. Aquel claro en el bosque simulaba un sendero
de paso ineludible al interior, custodiado a ambos lados por apretadas hileras de
abetos reunía las condiciones idóneas para preparar la trampa. Primero, cavó el
largo de la zanja y profundizó apenas unas paletadas. Continuaría en sucesivas
jornadas, pues hay fieras en esa espesura que son capaces de olfatear la
frescura de la tierra revuelta.
Había de extremar las precauciones,
así que durante las largas semanas que le llevaron los preparativos, nunca
pernoctó dos veces seguidas en el mismo lugar. En las tardes
suaves subía a los riscos y cuando soplaba el viento del norte se resguardaba
en la gruta.
La zanja adquirió el hondo de más
dos hombres y un largo aún mucho mayor. Luego, enterró las estacas puntiagudas
y, por último, cubrió el hoyo con un entramado de ramas y hojas para camuflarlo
con el camino. No había vuelto a toparse con el animal, pero podía presentirlo,
sabía que le andaba a la zaga.
Aquel día dejó a la yegua alejada,
libre de riendas y montura, en la orilla del lago y, decidido, se apostó en lo
alto del gran abeto. Desde allí, las copas de los demás árboles le impedían
vislumbrar todo el panorama, pero podía sentir la respiración de un abejorro...
Y así fue, sólo que aquella bestia era capaz de tragarse a todo un enjambre.
El Montañés descendió sigiloso para
colocarse en el preciso lugar que le interesaba, al extremo opuesto de la
zanja, hacia el interior del bosque. Cuando el oso apareciera por el único
pasaje con la anchura suficiente para llevarlo hasta él, llamaría su atención
para atraerlo. Luego, la trampa se encargaría del resto.
(...)
(CONTINÚA en…)
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¡ GRACIAS POR LEER, AMIGOS/AS !


3 comentarios:
Me gusta tu estilo Lee, algunas veces el final no es la lectura sea amena... y eso ha ocurrido aqui.
Gracias por dejarme imaginar las escenas :)
Gracias por estar.
Un abrazo
...Hace tiempo que escribí estos relatos protagonizados por El Montañés, un personaje de aventura, donde la diversión y la lectura son el principal objetivo. Resultan apropiados para las vacaciones de verano: leer, pasárselo bien, imaginar. Me alegro de que tú lo aprecies, amiga Betti... GRACIAS A TI:
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