sábado, enero 30, 2010

OTRO EPISODIO DE EL MONTAÑES


   No era la primera vez que utilizaba el paso oriental, la antigua ruta que unía el norte asiático con los bosques americanos, pero sí lo era atravesarla en pleno invierno. Durante los últimos meses había compartido correrías con otro trampero lapón, un experimentado indígena que también acusó las ventajas de estar bien acompañado en épocas difíciles. La destreza con el cuchillo y la afinada puntería en el tiro les permitió sobrevivir en las duras condiciones que el temido invierno allí imponía. Además, los aires de guerra que asolaban la región creaban aún menores expectativas de futuro. Sin embargo, la oportunidad del negocio con los renos que surgió casualmente quedaba mermada si tenían que participar ambos, no daba para tanto y, allí, las oportunidades no podían desecharse, pues significaba errar el tiro.
A la mañana siguiente le despertaron los disparos y el bullicio de las calles. En la choza no quedaba ni rastro del compañero ni de sus enseres. Había desaparecido y se había llevado también su caballo y silla incluida. El Montañés apretó con rabia el fusil con el que dormía y salió a la calle. El humo que levantaban los ataques y los saqueos entre la población obligaban a la huida inminente. Hubo de cruzar la frontera a pie, evitando los caminos donde se ocultaban los bandoleros prestos al pillaje. Tardó semanas en bordear montañas, días enteros en escalar sus riscos, hasta llegar por fin a los hielos. Mucho antes ya empezó a dejarse notar el frío. No fue difícil hacerse de un trineo, gracias a su habilidad con el hacha los leñadores no despreciaron la ayuda de un par de fuertes brazos voluntariosos.
El paisaje ahora era blanco brillante por los cuatro costados y aún pudo toparse camino al gran lago con las pistas heladas, que hacían daño con solo mirarlas. En medio de una de ellas, desde la distancia, pudo reconocer a un viejo conocido... El hielo había cedido al paso del lapón que, hundido con el peso de toda su mercancía, tendía la mano desesperada en señal de auxilio. La gélida grieta ya se había tragado su trineo y parte de los perros. El Montañés no quiso mirar atrás, indiferente y distante, prosiguió su marcha adelante intentando eludir el borde lateral de la pista central. Ser compañero es una palabra muy seria y él era poco amigo de hablar en vano. Ni le importó ni acabó de ver cómo la mano rígida de su antiguo compañero se sumergió al tiempo que el último de los perros.
(...)

(CONTINÚA en…)

http://amazon.com/author/luistamargo

¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !

3 comentarios:

BETTINA PERRONI dijo...

Todo bien querido amigo?

Busqué tus letras y me sorprendió tu ausencia.

Espero todo bien.

BETTINA PERRONI dijo...

Me preocupa tanto silencio... espero que sea por acupaciones que le mantienen feliz :)

Un abrazo Lee

EntreRenglones dijo...

...Gracias por tu interés, Betti, pero sí, lo cierto es que ando bastante bien ocupado. Aunque nos seguimos leyendo, amiga...
TE SALUDO: LeeTamargo.-