viernes, mayo 11, 2018

MIL METROS LIBRES

 
   Cuando sonó el teléfono acababa de acicalarse el bigote que le había acompañado en sus últimos veinte años de abogacía. Sin soltar las tijeras atendió la llamada con la otra mano...
 -Entendido, acudiré de inmediato.
   La prisión de alta seguridad de Sacramento queda a apenas diez minutos de autovía desde el núcleo urbano, elevada sobre un minúsculo promontorio goza de uno de los enclaves geográficos más idílicos y seguros que puede desearse para este tipo de construcciones. A la orilla del mar, del que le separa tan sólo una banda ancha de arena, la prisión se erige en obstáculo insalvable frente al paisaje.
   Rodolfo Mantini era uno de estos cientodoce privilegiados. Desde el ventanal superior de su celda podía disfrutar del inmenso horizonte marino e, incluso, llegaba a atisbar parte de la playa que desembocaba en la franja costera. De las conversaciones con otros reclusos sacó la conclusión de que, paralela a ella, transcurría el ramal de una autovía cercana, pero que si uno atravesaba la playa en todo su largo, con sólo cruzar la carretera podía adentrarse ya en la población y, una vez allí, acceder a un vehículo o a la estación de trenes resultaría aún mucho más fácil. Claro que estas últimas cavilaciones ya formaban parte de su cosecha propia pues con nadie compartió la urdimbre de su plan. El mes anterior su compañero de celda contigua, un ex director bancario, apareció con un nudo de sábanas atado al cuello y, si algo tenía claro, era que no estaba dispuesto a sucumbir a aquel lento martirio sin ofrecer resistencia. Le ayudaba aquel océano vecino, el rumor de olas que cada noche mecía en calma las inquietudes que durante la jornada desgastaba en tramar una vía de escape.
   Se había estado preparando durante años, alguno menos de los que llevaba encerrado, pero más de los que pensaba permanecer allí, pues su condena nunca le permitiría salir. A sus cuarenta y cuatro años la forma física era un objetivo que recuperar, aunque sin demasiado sacrificio pues, si bien en los últimos años de la universidad las tareas del profesorado le mantuvieron en exceso ocupado, tampoco le impidieron dedicar tiempo al equipo de baloncesto del que era tutor. Así que, con unos estiramientos y una serie de ejercicios practicados con regularidad terminó de ponerse a punto, consciente de que una playa de apenas un kilómetro lo separaba de la libertad.

 Entiendo la inteligencia artificial como lo que es para mí en este proyecto: una herramienta creativaComo tantas otras herramientas que, a lo largo del tiempo, han ampliado las posibilidades de expresión de quienes escriben, dibujan, fotografían, componen o filman. La herramienta no sustituye necesariamente a la mirada. El lector puede elegir entre la edición escrita o la visual: lo que importa es la lectura.








*<<Publicado en Antología Certamen Grupo Búho, 2004.>>: 










(CONTINÚA en…)

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¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !

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