sábado, julio 14, 2007
viernes, julio 06, 2007
LA CARAVANA
Hoy Jean estaba particularmente cansado, las últimas semanas habían sido especialmente duras con aquella amenaza de fusión en ciernes. No había podido desenvolver su trabajo con normalidad y tampoco había tenido un descanso para dedicárselo a Mirna, también bastante agobiada por su rutina diaria. Ella trabajaba al otro lado de la ciudad, así que hasta el atardecer no podían encontrarse ni hacer vida de hogar. Quizás por eso la llegada de los niños se retardaba tanto, de tenerles no podrían verles hasta la noche, así que era impensable organizar la vida de acuerdo a otro sistema que no fuera del trabajo a casa y con el tiempo justo. Eran jóvenes y podían resistir de momento el infame trajín pero, además, el fin de semana era corto incluso para descansar por lo que el agotamiento se acumulaba contribuyendo aún más a un incierto futuro de paz y estabilidad. Se estiró en el asiento y estrujó los nudillos produciendo ese chasquido de huesos que a ella tanto le molestaba. La fila de coches avanzó unos metros, imperceptible, antes de volver a estancarse bajo un tórrido sol que ya comenzaba a perder fuerza.Veinte minutos antes había pasado frente a la bifurcación que lleva a la pequeña población de Grenach, recordaba con agrado el día que Mirna y él se acercaron a conocer la aldea. A él le llamó la atención aquella casa de piedra y madera con su huerto anexo que descansaba en el lomo de la ladera, de espaldas a la autopista.
sábado, junio 30, 2007
MEDIA DISTANCIA
viernes, junio 01, 2007
viernes, mayo 25, 2007
EN DIRECCIÓN CONTRARIA
Primero fue el amor lo que se resquebrajó. Las ausencias de Virginia, so pretexto de cenas de negocio o con las compañeras de trabajo, comenzaron como una insidiosa premonición. Luego, la sospecha tomó cuerpo, el distanciamiento se tornó insalvable y nada había que Gonzalo pudiera hacer para cambiarlo. Virginia se le escapó de entre las manos, igual que el amor y, con ella, el matrimonio, el piso…
Se habían citado aquella tarde
para ultimar los detalles finales de la venta del piso. Gonzalo le confirmó que
el interés de la pareja compradora se había materializado y hecho efectivo.
Firmarían el lunes próximo ante el notario y dividirían el pago en mitades
iguales, con destino a cuentas bancarias distintas. Virginia tenía prisa por
acabar la conversación, había quedado con Ignacio, su amor actual, para pasar
el fin de semana esquiando, con habitaciones reservadas en un albergue de
montaña. La tarde del viernes se echaba encima y tendrían que evitar la hora
punta de salida de la ciudad, si querían llegar a disfrutar de su destino
cuanto antes, así que al final accedió a pagar a medias también el porcentaje
correspondiente a la agencia inmobiliaria. Se había negado en un principio,
sólo por el hecho de no ponerlo fácil y discutir; sabía que a Gonzalo se le
derrotaba nada más empezar con un buen portazo en medio de las narices. No
dejaba de resultarle un tanto cómico el gesto de abatimiento que le embargaba
y, aunque tal vez pudiera parecer un juego cruel, había descubierto que los
hombres en general dejaban de ser unos superhéroes, en cuanto se les acorralaba
entre la espada y la pared. Disfrutaba ciertamente de esos breves instantes de
duda y desconcierto, donde su inestabilidad quedaba patente; de alguna manera
le hacía sentirse más segura y fuerte.
Sin embargo con Ignacio no se
había atrevido a llevar su estratagema hasta ese límite. De un lado, prefería
evitar las consecuencias, la sensación de ese efecto desolador; y de otro,
tampoco deseaba arriesgar demasiado con su actual acompañante y, a la vez,
director de la Compañía. Desde que vino a ocupar el puesto, ella se convirtió
en la secretaria perfecta y en una ayuda inestimable, que enseguida se aprestó
a rentabilizar. Al menos se trataba de un proyecto de futuro más consolidado y
prometedor que el que auguraba su vida con Gonzalo, a base de trabajo,
convivencia y sacrificios. Al fin y al cabo, el amor hallaría por sí solo su
sitio rodeado de comodidades.
Cuando Gonzalo comenzó a recordar
en voz alta, sin disimular el tono de reproche, los esfuerzos y penurias que
les llevó la adquisición de aquella vivienda, donde comenzaron los primeros
tiempos de su relación matrimonial, Virginia se incorporó del asiento:
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¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !
viernes, mayo 11, 2007
DOBLE FONDO
–Dentro de una semana exacta en mi refugio de la costa… –había señalado ella.
Rodeó la casa, pero no encontró
rastro del coche de Sally; llegaría más tarde, sin duda. El viento y la lluvia
le obligaron a cobijarse en el porche y, entonces, comprobó que la puerta se
encontraba entreabierta; la empujó levemente y cedió. Con un pie dentro, golpeó
la madera con los nudillos dos veces seguidas…
–¿Sally? ¿Sally, estás ahí?
No obtuvo respuesta, pero
insistió:
–¿Hay alguien…?
Observó el interior pulcro y
ordenado. Le llamó la atención la claridad que iluminaba la estancia, a través
del enorme ventanal que daba al jardín, a pesar del tono ceniciento que estaba
adquiriendo el cielo. Siempre le había oído hablar de su casa en la costa y se
animó a entrar; aprovecharía para echar un vistazo.
Un separador de mimbre entrelazado
hacía las veces de vestíbulo, ahora recogido contra la pared, por lo que nada
más entrar se halló de pleno en el salón principal. Se trataba de una sala
amplia y espaciosa, de muebles modernos y funcionales, que daban una sensación
de confortable intimidad. Contempló los cuadros. Excepto las dos láminas del
vestíbulo de entrada, las demás eran pinturas auténticas: paisajes al óleo de
marinas y escenas campestres, un bodegón y una composición informal de temas
abstractos, en tonos vivos, que no desentonaba con el ambiente acogedor que
respiraba la sala.
Una chimenea antigua de piedra presidía la pared del fondo, entre dos cabezas disecadas de corzos; y, del lateral, un pasillo enmoquetado conducía a las habitaciones. Exploró y revisó una a una, con los cinco sentidos pendientes de atrás, atento a cualquier ruido que delatase la llegada de Sally.
(...)
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