Primero fue el amor lo que se resquebrajó. Las ausencias de Virginia, so pretexto de cenas de negocio o con las compañeras de trabajo, comenzaron como una insidiosa premonición. Luego, la sospecha tomó cuerpo, el distanciamiento se tornó insalvable y nada había que Gonzalo pudiera hacer para cambiarlo. Virginia se le escapó de entre las manos, igual que el amor y, con ella, el matrimonio, el piso…
Se habían citado aquella tarde
para ultimar los detalles finales de la venta del piso. Gonzalo le confirmó que
el interés de la pareja compradora se había materializado y hecho efectivo.
Firmarían el lunes próximo ante el notario y dividirían el pago en mitades
iguales, con destino a cuentas bancarias distintas. Virginia tenía prisa por
acabar la conversación, había quedado con Ignacio, su amor actual, para pasar
el fin de semana esquiando, con habitaciones reservadas en un albergue de
montaña. La tarde del viernes se echaba encima y tendrían que evitar la hora
punta de salida de la ciudad, si querían llegar a disfrutar de su destino
cuanto antes, así que al final accedió a pagar a medias también el porcentaje
correspondiente a la agencia inmobiliaria. Se había negado en un principio,
sólo por el hecho de no ponerlo fácil y discutir; sabía que a Gonzalo se le
derrotaba nada más empezar con un buen portazo en medio de las narices. No
dejaba de resultarle un tanto cómico el gesto de abatimiento que le embargaba
y, aunque tal vez pudiera parecer un juego cruel, había descubierto que los
hombres en general dejaban de ser unos superhéroes, en cuanto se les acorralaba
entre la espada y la pared. Disfrutaba ciertamente de esos breves instantes de
duda y desconcierto, donde su inestabilidad quedaba patente; de alguna manera
le hacía sentirse más segura y fuerte.
Sin embargo con Ignacio no se
había atrevido a llevar su estratagema hasta ese límite. De un lado, prefería
evitar las consecuencias, la sensación de ese efecto desolador; y de otro,
tampoco deseaba arriesgar demasiado con su actual acompañante y, a la vez,
director de la Compañía. Desde que vino a ocupar el puesto, ella se convirtió
en la secretaria perfecta y en una ayuda inestimable, que enseguida se aprestó
a rentabilizar. Al menos se trataba de un proyecto de futuro más consolidado y
prometedor que el que auguraba su vida con Gonzalo, a base de trabajo,
convivencia y sacrificios. Al fin y al cabo, el amor hallaría por sí solo su
sitio rodeado de comodidades.
Cuando Gonzalo comenzó a recordar
en voz alta, sin disimular el tono de reproche, los esfuerzos y penurias que
les llevó la adquisición de aquella vivienda, donde comenzaron los primeros
tiempos de su relación matrimonial, Virginia se incorporó del asiento:
(CONTINÚA en…)
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¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !



2 comentarios:
Que hermoso lo que leo,lo que veo,lo que escucho.
Un abrazo
Menta
...Encantado con tu visita, Mentacalida, bienvenida...
TE SALUDO:
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