jueves, mayo 01, 2008

UNA HISTORIA DE CINE



     Fue un encuentro casual, de los que diseña el destino en el espacio muerto de los cruces de camino. A Gina enseguida se le vino a la mente uno de aquellos guiones cinematográficos que Max, el viejo amigo de sus tiempos de actriz, solía esbozar en apenas dos minutos, con una facilidad tan pasmosa que hacía sospechar por igual de sus acaloradas promesas de triunfo.

-¡No puede ser, Gina, pellízcame, por favor! –Max no ocultaba su sorpresa.

   Gina se le llevó al final de la barra, prefería evitar las cercanías del mostrador y el ajetreo de clientes que, tarde o temprano, acabarían por interrumpir o entrometerse en la conversación. La aparición de Max venía que ni pintada para cambiar impresiones con antiguos recuerdos y oxigenar las últimas experiencias, demasiado maltrechas; le vendría bien renovarse con un poco de aire fresco.

   Se sentaron a la penumbra de una de las mesas bajas, mientras Max le explicaba con apresurado entusiasmo los motivos de su presencia en aquel lugar. Habían llegado al mediodía y mañana iban a rodar unos exteriores para su próxima película, unas tomas sueltas de fondo para el escenario de otro de sus éxitos asegurados, antes de proseguir viaje...

-…Ya sabes. –Max sonrió entre risitas cómplices- Si no sale uno a tomar una copa y conocer el ambiente nocturno de las ciudades por las que pasa…

  Gina posó su mano sobre el brazo de Max, que sostenía la copa, en un gesto de amigable camaradería, sin dejar de prestar atención a las explicaciones de sus proyectos, llenos de nombres y lugares que nunca antes había oído. Pero atendía sin escucharle, ignoraba por qué sus palabras no atravesaban la muralla que se había levantado entre ambos, a pesar de encontrarse tan cerca. No podía quitarse de la cabeza la última cita del día anterior, aquel cliente borracho que le obligó a  dormir toda la noche en el sofá. Apenas durmió, en vela, pendiente de acostarse junto a él de madrugada, semidesnuda, para que al despertar no hubiera dudas del trato pactado. Sí, aquel fue un dinero fácil comparado con otras ocasiones, menos afortunadas, desagradables o violentas incluso. Era un hotel de poca monta, a una manzana del local, donde ya la conocían. Allí tenía su habitación disponible para la ocasión, su propio negocio. Había días de mayor recaudación y noches de insomnio, a un precio imposible, pero a ella le bastaba con poco. No se podía improvisar cuando la supervivencia estaba en juego; el precio arriesgado podía tornarse caro. Había aprendido a elegir y decir no; tampoco iba a complicarse por un plato de mal gusto, así que practicaba el arte de seleccionar para ganarse el sustento con la menor dificultad posible. Era la primera vez en muchos años que se topaba con alguien cercano a su pasado. Sin embargo, Gina manifestó su alegría sin entregarse…

-…¿Y Alex? –la pregunta se le escapó de los labios.

   Max dio vueltas a los hielos del vaso y, por unos instantes, pareció meditar en círculos.

-Supongo que era una pregunta inevitable. Lo siento, Gina, no quería…

-Ya no me importa, Max…

    Antes de que la foto de Alex Cerone saliera en las portadas de las revistas, Gina trabajó duro junto al prometedor director, ambos sacaron tablas de tantos proyectos compartidos; era la ilusión lo que les impulsaba a esforzarse más allá del límite, no había boato entonces ni malsana ambición. También tuvieron tiempo de estrechar lazos.

(...)

(CONTINÚA en…)

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¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !

4 comentarios:

Trini Reina dijo...

Fin de la costa y fin de una vida...

Recuerdo haberte leído antes este relato. Me alegra haberlo leído de nuevo. Siempre es un placer leerte Luís.

Un abrazo

EntreRenglones dijo...

...Sí, Trini, al fin de la costa le sigue el comienzo del vasto océano. Hoy relatos, antes poemas y -¡quién sabe!- mañana tal vez novelas, historias sin fronteras...
GRACIAS, AMIGA:

BETTINA PERRONI dijo...

Lee... los finales siempre son con briche de oro.

El camino termina justamente donde uno lo decide... y la causa de muerte natural existe o por voluntad existe..ñ. claro que si!

Me pregunto que suecede cuando en neustra vida se terminan las sorpresas, las ganas de... quizás desde entonces ya se esté muerto, no cree?.

Un fuerte abrazo :)

EntreRenglones dijo...

...Caminar hacia una meta da sentido al viaje. Pero sí, Bettina, las ganas lo son todo, casi la mejor parte del trayecto...
GRACIAS A TI: