sábado, mayo 10, 2008

TE CONTARÉ



     Todo comenzó como una excursión más, una de tantas de las que hicimos con el primo Ted a la Sierra de Las Calaveras. Fue el primo Ted, algunos años mayor que yo, quien me inculcó esa pasión por la montaña. Nuestro sitio preferido era aquella enorme roca que llamábamos La Silla, sobre todo porque en uno de sus lados era lisa y vertical como el respaldo de un gigantesco asiento.

    Recuerdo que en aquella ocasión nos acompañaba Julie, la novia de mi primo, con aquel mechón de pelo blanco tan característico que lucía en el flequillo y que, además de inconfundible, le daba un aspecto de montañera poco convencional. Ted había estrenado unas llamativas botas de escalador que adquirió por catálogo y, durante todo el trayecto en tren hasta La Sierra, no cesó de mostrar, alabar, ensalzar y aburrir con tanta novedosa exclusividad.

    Solíamos acampar en el claro próximo a La Silla, en un improvisado albergue semiderruído que antes debió utilizarse de cabaña para guardar ganado. Allí, al llegar la noche, el primo Ted siempre contaba historias y una en particular que repetía en cada ocasión, primero con el grupo de montañismo y después con los pocos allegados que decidimos organizarnos por cuenta aparte. Aunque ya conocíamos el desenlace de la historia escuchábamos atentos aquella parodia versionada del conocido cuento de Caperucita Roja... Cuando el primo Ted llegaba a la parte final en que la niña preguntaba a su abuela “por qué tenía la boca tan grande”, ésta le respondía que “era para contarle un cuento”. Entonces uno de los asistentes, compinchado –muy a menudo yo mismo–, le preguntaba a algún otro de entre ellos, delatando así a la víctima elegida:

–¿Cuál quieres que te cuente...?

   Mientras el otro pensaba, estupefacto por el giro del cuento, dubitativo, el primo Ted se abalanzaba todo lo corpulento que era sobre él y descargaba un golpe tras otro, contando en voz alta de uno hasta diez, en medio de jocosas risotadas que se contagiaban con rapidez al resto del público espectador. Era su broma predilecta y hoy la recuerdo en especial porque en aquella última ocasión no pudo terminar de repetirla ya que tanto Julie como yo la conocíamos.

    Aquella mañana el primo Ted se propuso escalar La Silla por el lado cortado y nos prohibió subir con él. Recuerdo que antes dejarnos se dirigió a su novia:

–Cuídame a ese cachorro, que no se pierda...

     Fueron las últimas palabras que le escuché. El primo Ted no bajó de aquella peña, nunca le encontraron, su cuerpo debió caer y extraviarse entre la grieta que separaba aquella lasca estrecha de la pared recta. Cuando llegaron los equipos de salvamento no hallaron rastro suyo, resultaba humanamente imposible adentrarse en la sima interior de aquella lasca inexpugnable y rugosa, armada de aristas. Lloramos mucho su pérdida.

    Van a cumplirse dos años de aquel suceso y, desde entonces, Julie ha permanecido fiel a mí, ni el primo Ted se imaginaría cuánto... Julie y yo hemos consolidado nuestra relación, eran muchos detalles comunes los que nos unían, el primo, las excursiones, la montaña, que resultaba algo de lo más lógico y natural que lo nuestro desembocara también en una ardiente pasión. Vamos a casarnos a principios del próximo año, ya hemos escogido fecha. Para entonces Julie habrá finalizado ya el curso en la universidad y será una bióloga a la búsqueda de trabajo, nos hará falta para salir adelante.

    Hoy me he acercado a la Sierra porque desde entonces no habíamos vuelto a pisar el lugar. Aproveché que Julie marchó a la capital durante toda la semana para realizar unos exámenes y, sin decirle nada, por temor a resucitar antiguas heridas, escogí pasar la noche en el refugio, a la sombra de la gran roca que tantas emociones nos proporcionó. Sin Julie en casa me sentía demasiado sólo y estando allí, con la montaña tan cerca, al menos me acompañaban los intensos recuerdos. 
(…)

(CONTINÚA en…)

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¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !

6 comentarios:

MentesSueltas dijo...

Bellisimo... siempre el silencio nos ayuda a escucharnos.

Te abrazo.
MentesSueltas

Blog de alma dijo...

Musical silencio

EntreRenglones dijo...

...Cierto, MentesSueltas, tal vez sea ese un comienzo: atender a nuestro alrededor para atendernos... GRACIAS A TI:

EntreRenglones dijo...

...Sabía lo que se decía aquel músico cuando afirmó que "el silencio es el ruido más fuerte"...
SALUDO, ALMA:

BETTINA PERRONI dijo...

Preocupante la invación a zonas vírgenes. Siempre he pensado que el turismo mal canalizado, puede generar destrozos a hábitat completos.

En México existen muchas reservas protegidas con regulaciones estrictas para su conservación. Lamentablemente las mismas autoridades rompen esas reglan e impactan negativamente el entorno... celosos debemos ser y proteger nuestros patrimonios naturales que en verdad son paraiso que provee dones a los hombres... todo es cuestión de cuidarlos.

EntreRenglones dijo...

...Algo así le pasó al protagonista de nuestra historia, amiga Bettina: descubrió las excelencias de los paraísos naturales y decidió cuidarlo en persona... GRACIAS A TI: