viernes, diciembre 26, 2008

A B I S M O S


     Siempre son contadas las ocasiones en que todos los instantes de una vida pasan delante de uno, en procesión excepcional, como si precediesen al desenlace de algo decisivo. Algunos minutos antes Luis se encontraba trabajando con normalidad, concentrado en la tarea, en realizar su cometido lo mejor posible; para eso él era como pocos, siempre lo había practicado con pulcritud. Pero el encargado de la oficina acababa de pronunciar aquellas palabras que, de pronto, le habían dejado solo ante al abismo…

–El jefe quiere que pases por el despacho –Abel nunca miraba de frente al hablar–, ahora mismo.

   La puerta del despacho estaba abierta y Luis vio sentada a Ana, la directora de Recursos Humanos; y el jefe, detrás, de pie, observando el ordenador encendido sobre la mesa.

–Hola, Luis, adelante– ordenó–. Pasa.

   Saludó y se sentó, con Ana a su derecha y el jefe enfrente, que acababa de ocupar su asiento, parapetado tras el portátil.

   Aquella situación no le resultaba extraña, siempre se mantuvo alerta, tanto en el trabajo como en la vida, nada se podía dar por zanjado, sobre todo en aquellos tiempos en que las crisis económicas causaban demasiadas catástrofes de índole personal. El panorama laboral no estaba para tirar cohetes, al contrario, se había convertido en una auténtica bomba. Y Luis preveía el estallido inminente. Lentamente escuchó lo que no habría querido oír, que prescindían de sus servicios, desde aquel preciso momento… ¿Las causas? Hay que justificarlo legalmente, por supuesto: no cumplía los objetivos, o sea, que no encajaba con los planes que sólo ellos marcaban. Pero Luis no protestó ni se quejó, la edad podía convertirse en un arma de doble filo y, en aquel momento, era un lastre que no contaba a su favor; tampoco era mayor con cincuenta y ocho años, se conservaba bien, pero la ley interpretaba las cifras con una vara de medir rasa, que no admitía  compasión. Los empresarios lo sabían mejor que nadie, porque eran los primeros en buscar la trampa. Y ante él tenía a los ejecutores. Firmó sin rechistar aquel documento para que la empresa le indemnizara, a cambio ellos reconocían la improcedencia del despido y todos contentos: él se largaba para casa y ellos a sus quehaceres. No obstante, tuvo también que escuchar la retahíla que solían regalar a todo el que se acercaba a aquel patíbulo: 

–Si no, tendríamos que acusarte de que has pegado a un superior o…–La directora se lo sabía de carretilla, de tanto repetirlo.

–Está bien–Luis interrumpió la desagradable perorata, mientras firmaba–, conmigo no váis a tener problema.

    Con la mirada absorta en el abismo, su mente rebobinaba ahora la secuencia que pasaba frente a él. Fue el primero que empezó a trabajar allí, digitalizando los fines de semana, ocho horas cada sábado y cada domingo; algo era algo, se decía entonces. Tuvo la recompensa esperada, al comenzar el nuevo año, cuando le propusieron un contrato de jornada completa, que aceptó sin dudarlo. Hacía dos años y medio de aquel inicio. Más de dos años en los que había desempeñado su trabajo con meticulosidad, era un profesional; después de toda una vida trabajando, no sabría hacerlo de otro modo. En sus anteriores empresas también obró así, pensaba que valorarían el esfuerzo, la dedicación. Pero el término sacrificio no representaba idéntico significado para los directivos; ellos siempre lo entendían en forma de cabezas rodantes.

(...)

(CONTINÚA en…)

http://amazon.com/author/luistamargo

¡ FELIZ LECTURA, AMIGOS/AS !

2 comentarios:

Makiavelo dijo...

Feliz entrada de año Lee, que cunda como el anterior.

Saludos.

EntreRenglones dijo...

...Igualmente, amigo Makiavelo:
¡O mejor incluso! ¡Que así sea!
FELIZ 2009: